Verano y lectura: cuando leer es un placer, no una tarea





Mª Jesús Álvarez Núñez
Secretaria de Comunicación de ANPE-Madrid

Cada año, cuando termina el curso, surge la misma pregunta: ¿deberían los niños seguir leyendo durante las vacaciones? La respuesta parece evidente para cualquier docente. Sin embargo, quizá la cuestión importante no sea si deben leer, sino cómo conseguir que quieran hacerlo.

Durante décadas hemos asociado la lectura con el esfuerzo, la evaluación o la obligación escolar. Sin mala intención, a veces hemos transmitido la idea de que leer es algo útil, necesario e incluso importante, pero no necesariamente divertido. Y ahí está uno de los grandes retos educativos.

El verano ofrece una oportunidad única para reconciliar a muchos niños con los libros. Sin exámenes, sin fichas y sin controles de comprensión. Simplemente leyendo por el placer de hacerlo.

La investigación lleva años señalando que la lectura voluntaria tiene un impacto significativo en el desarrollo lector. Un estudio experimental realizado con más de 400 aulas mostró que los alumnos que leían más durante el verano mejoraban su comprensión lectora al inicio del siguiente curso. La clave no estaba solo en tener acceso a libros, sino en leerlos de manera significativa.

Pero los beneficios van mucho más allá del rendimiento académico. Leer por placer amplía el vocabulario, fortalece la comprensión, estimula la imaginación y ayuda a construir una relación positiva con la cultura escrita. Además, diversos análisis recientes destacan que la actitud hacia la lectura es uno de los factores que más influyen en el desempeño lector de los estudiantes.

Quizá por eso resulta especialmente preocupante que los últimos informes internacionales sigan mostrando un descenso en los niveles de competencia lectora en numerosos países europeos. Como muestran los análisis más recientes de PIRLS 2021, la actitud positiva hacia la lectura constituye uno de los factores más estrechamente relacionados con el rendimiento lector. Por ello, fomentar experiencias lectoras asociadas al disfrute durante el verano puede ser tan importante como mantener la práctica lectora en sí misma (Ortega-Rodríguez, 2025).

Ahora bien, convertir el verano en una prolongación del curso tampoco parece la mejor estrategia. Muchos niños terminan asociando la lectura estival con una lista obligatoria de títulos o con actividades que convierten cada libro en un examen encubierto. Cuando esto ocurre, la lectura pierde precisamente aquello que la hace valiosa: el disfrute.

Los docentes sabemos que nadie se convierte en lector porque le expliquen los beneficios de leer. Uno se hace lector cuando encuentra una historia que le emociona, un personaje con el que se identifica o un libro que le hace olvidar el paso del tiempo.

Por eso, quizá la recomendación más importante para las familias durante el verano sea sencilla: permitir que los niños elijan. Que lean cómics, álbumes ilustrados, novelas gráficas, libros de misterio, aventuras o deportes. Que abandonen un libro si no les gusta. Que relean sus favoritos. Que lean tumbados en la playa, en una hamaca o durante un viaje en coche.

La libertad es una condición esencial para que aparezca el gusto por leer.

También resulta fundamental el ejemplo de los adultos. Un niño que ve leer a sus padres, abuelos o profesores comprende que la lectura forma parte de la vida cotidiana. No es una actividad exclusivamente escolar. Es una forma de entretenimiento, aprendizaje y disfrute personal.

Quizá esa sea la gran lección del verano. Durante unos meses, los libros pueden dejar de ser herramientas educativas para convertirse simplemente en compañeros de aventura.

Y cuando eso sucede, cuando un niño descubre que leer puede ser tan placentero como jugar, viajar o explorar, estamos sembrando algo mucho más duradero que una mejora en sus resultados académicos.

Estamos formando lectores para toda la vida.

Ortega-Rodríguez, P. J. (2025). PIRLS 2021. Factores relacionados con el rendimiento lector en Educación Primaria en España. Estudios sobre Educación, 48, 161–185.