¿Es posible la inclusión sin recursos?
Mercedes Cabello Chacón
La
Ley Maestra (Ley 1/2022, de 10 de febrero) establece en su artículo 15 que, en la Comunidad de Madrid, el
alumnado con necesidades educativas especiales (ACNEE) tiene derecho a una atención específica que
garantice su inclusión real. Para ello, la Comunidad de Madrid regula la atención a las diferencias
individuales del alumnado y la escolarización del ACNEE mediante el Decreto 23/2023 y la Orden 2808/2023.
En
el artículo 10 del Decreto 23/2023 se determina que el alumnado con necesidades educativas especiales es
aquel que afronta barreras que limitan su acceso, presencia, participación o aprendizaje, derivadas de
discapacidad o de trastornos graves de conducta, de la comunicación y del lenguaje por un periodo de su
escolarización o a lo largo de toda ella, y que requiere de determinados apoyos y atenciones educativas
específicas para la consecución de los objetivos de aprendizaje adecuados a su desarrollo.
La
respuesta a dichas diferencias individuales se contempla desde medidas como: evaluaciones
psicopedagógicas, adaptaciones curriculares significativas, recursos personales, técnicos y materiales
especializados, y un modelo educativo que combina la escolarización en: centros ordinarios, centros de
atención preferente, aulas para alumnado con dificultades dentro del espectro autista en centros
ordinarios, aulas de educación especial en centros ordinarios y centros de educación especial.
Desde
ANPE-Madrid, defendemos siempre el cumplimiento de toda normativa que favorezca el máximo desarrollo de
las capacidades de todos y cada uno de nuestros alumnos, especialmente de aquellos con mayores
necesidades, y estamos comprometidos en la defensa de los derechos de todos los compañeros y profesionales
que trabajan día a día con este colectivo de alumnos.
Pretendemos,
compartir un momento de reflexión conjunta, acerca del título que encabeza este artículo, con todos
nuestros lectores, ya que dicen que en compañía se multiplica la comprensión y se agudiza el análisis.
En
ANPE-Madrid, partimos de una visión fraguada a fuego lento, resultado del trabajo que se realiza desde
nuestro servicio del Defensor del Profesor, al que se suma el contacto diario que mantienen nuestros
delegados con los centros educativos y con los profesionales que en ellos trabajan.
Dicho
esto, frente al marco normativo expuesto, la realidad cotidiana en los centros y aulas de nuestra
comunidad nos muestra una insuficiencia notoria de recursos y medidas, que ANPE-Madrid viene reclamando a
lo largo del tiempo, entre los que destacamos:
- La falta de recursos humanos especializados en todos los perfiles que atienden a la diversidad:
orientadores/as, PT (maestros de la especialidad de pedagogía terapéutica), AL (maestros de la
especialidad de audición y lenguaje), técnicos educativos III, TIS, fisioterapeutas y enfermeros/as.
Entendemos que la escasez de estos recursos, considerados básicos, por la especificidad de los mismos y el
colectivo al que se dirigen, es inadmisible.
- A menudo encontramos profesores, especialmente de los perfiles de PT y AL con jornadas fragmentadas en
dos, incluso en tres centros. Desde ANPE-Madrid, denunciamos esta organización de recursos, ya que los
ACNEE necesitan de rutinas y referencias personales estables, que faciliten su proceso de
enseñanza-aprendizaje.
- La escasez de recursos personales viene acompañada con frecuencia de ratios de alumnos por aula mucho más
elevadas de lo deseable, que dificultan la intervención directa de los distintos profesionales, llegando a
impedir una atención personalizada. Llegados a este punto, es importante recordar que el artículo 2 del
Decreto 23/2023 establece explícitamente la atención personalizada como un principio educativo
fundamental.
- La situación no mejora cuando se trata de garantizar recursos técnicos y materiales. Es notable, en los
centros madrileños, la falta, por ejemplo, de comunicadores aumentativos para alumnado con trastorno del
espectro autista (TEA) que no llegan a desarrollar habla, programas informáticos de seguimiento visual que
permitan la comunicación en casos de plurideficiencia, incluso materiales básicos como sillas adaptadas
para alumnado con deficiencia motora, y/o mesas y sillas regulables en altura. Faltan salas insonorizadas,
imprescindibles en el caso de alumnos con problemas sensoriales, dispositivos de frecuencia modulada para
alumnos con déficits auditivos, teclados, ratones y todo tipo de periféricos para acceso informático,
adaptados a las necesidades particulares de cada alumno, tablillas e impresoras Braille, etc. Aportamos
algunos ejemplos, de las muchísimas carencias existentes a este nivel, que frenan el desarrollo integral
de los ACNEE, otro de los principios que contempla el Decreto 23/2023.
- La existencia de ratios elevadas y la falta generalizada, tanto de recursos personales como técnicos y
materiales, no sólo repercute directamente en el ACNEE y sus familias. El profesorado que trabaja con este
alumnado lleva años alzando la voz ante:
- La sobrecarga de grupos y centros.
- La falta de tiempos para la necesaria coordinación y trabajo en equipo, que permitan consensuar una toma
de decisiones que conlleve la mejor respuesta educativa para el ACNEE. No olvidemos que de esta toma de
decisiones se derivarán aspectos tan importantes como una posible modalidad de escolarización, que
condicionará el futuro del alumno y sus familias.
- Plantillas de personal que cambian cada curso y horarios partidos que dificultan la continuidad de la
intervención y la conciliación de la vida familiar.
- La necesidad de atender cada año casos de mayor complejidad, que requieren de una formación actualizada,
de la que no les dota la Comunidad de Madrid.
- El requisito de tiempos para contemplar actuaciones coordinadas con servicios sanitarios y sociales
externos a la escuela, que suponen una mayor carga de trabajo, pero que resultan básicos en la
intervención de problemas de conducta, muy frecuentes en el ACNEE. Por ejemplo, el seguimiento conjunto de
la pauta medicinal más adecuada en cada momento es un aspecto fundamental para prevenir posibles
autolesiones y agresiones, tanto a iguales como a los mismos profesionales.
- La falta de protocolos consensuados entre todos los centros, que permitan actuar con seguridad y de forma
eficaz al personal que trabaja en los mismos, ante situaciones y conductas inherentes y derivadas de las
propias dificultades que muestra el ACNEE. A modo de ejemplo, insistimos en la falta de control conductual
del alumnado, porque nuestros compañeros, profesionales de estas aulas y centros, son objeto, cada vez con
mayor frecuencia, de agresiones físicas y verbales de este alumnado, y, por tanto, requieren de medidas
protectoras por parte de la Administración madrileña.
- El aumento muy significativo de una burocracia que asfixia y resta tiempo al proceso de
enseñanza-aprendizaje. Proceso que, en el caso del ACNEE, requiere de constantes adaptaciones
curriculares, metodológicas y de materiales.
- La imperiosa necesidad de medios, que permitan abordar problemas relacionados con la salud mental, ya que
están aumentando significativamente entre este colectivo de profesionales. Compañeros que con frecuencia
eligen trabajar con ACNEE, movidos por una gran vocación docente, y que terminan denunciando niveles muy
altos de frustración en el desempeño de su labor.
Como
colofón de esta pequeña reflexión compartida, insistimos en que desde ANPE-Madrid seguimos trabajando cada
día, si cabe con mayor fuerza, reclamando de manera continuada una dotación de recursos personales,
técnicos y materiales suficientes para atender a la diversidad del alumnado, especialmente en el caso de
ACNEE, una reducción de la ratio en todos los centros y grupos que escolaricen este alumnado, que
favorezca su proceso de enseñanza-aprendizaje, y un modelo organizativo que facilite el trabajo de los
profesionales que desempeñan su labor en este contexto. La inversión en inclusión es un derecho y, si la
escuela ha de ser de todos, no basta con abrir la puerta, hay que amueblarla para cada alumno.
Desde ANPE-Madrid seguimos trabajando cada día, si cabe con mayor fuerza, reclamando de manera continuada una dotación de recursos personales, técnicos y materiales suficientes para atender a la diversidad del alumnado