Acuerdo Sectorial, Acuerdo Educativo: cuestión de prioridades


Acuerdo Sectorial, Acuerdo Educativo: cuestión de prioridades 

 

Si antes de que finalice el curso escolar no se ha firmado el insoslayable Acuerdo Sectorial para el profesorado de la enseñanza pública madrileña, tendremos que lamentar el tiempo y el esfuerzo dedicados, y achacarlo a la falta de voluntad política de un Gobierno regional que no habrá sabido ver su trascendencia y conveniencia como condición sine qua non para alcanzar el consenso en otros temas relevantes (Acuerdo Educativo y calendario escolar) para la educación madrileña.

Sin Acuerdo Sectorial tampoco cabe plantearse el cambio del calendario escolar

 

Haber planteado al comienzo de la legislatura en el orden educativo como una prioridad la necesidad de un Acuerdo Educativo en la Comunidad de Madrid, cuando los escolares de esta región se sitúan en los puestos de cabeza en los informes TIMSS y PISA, a la altura de Finlandia y por encima de países como Alemania, Reino Unido, Austria o Francia y como una de las comunidades punteras dentro del mapa nacional, resulta chocante y puede interpretarse como un intento de conseguir la paz educativa en los próximos cuatro años.

 

editorial1A pesar de las concesiones que se hacen a algunos sectores políticos y educativos en el último borrador conocido del Acuerdo Educativo –que incorpora buena parte de su discurso neologsiano– y de los guiños y el protagonismo formal que les son otorgados en el Consejo Escolar y en la propia Consejería, vemos difícil conseguir ese acuerdo, pues estos no van a dar oxígeno al Gobierno regional en la coyuntura actual firmándolo, salvo que se asuman incondicionalmente su filosofía y modelo educativo. 

Pensar lo contrario entra dentro de lo posible, pero probablemente se quede en la esfera de los buenos deseos.

Difícilmente se puede mejorar o transformar la educación, como el Gobierno regional pretendía inicialmente, si antes no se implementan medidas concretas ligadas a las correspondientes partidas presupuestarias para mejorar la situación del profesorado que, al margen de acuerdos o leyes, es quien ha de trabajar para ello.

En los próximos días debe concluir la negociación

 

La crisis ha tocado a su fin y, a falta de un consenso general para un Acuerdo Educativo –que en el mejor de los casos solo va a contar con el apoyo más o menos forzado de algunos actores del espectro educativo– el Gobierno regional tiene una ocasión de oro para hacer un reconocimiento público y concreto a los docentes, más allá de las buenas palabras. Una oportunidad de presentar a la sociedad madrileña, con un discurso bien articulado y razones de mucho peso, un Acuerdo Sectorial que contemple las medidas concretas para la mejora en las condiciones sociolaborales y retributivas del profesorado, pero también otras que afectan al sistema educativo, como el incremento de plantillas para desdobles, apoyos y atención a la diversidad, y la reducción del horario lectivo de los docentes. En definitiva, para la mejora de la calidad educativa. En ello están comprometidos ANPE y el resto de organizaciones presentes en la Mesa Sectorial, dispuestas a estampar esa firma necesaria y conveniente para los docentes.

 

editorial2Solo con un Acuerdo Sectorial que cumpla nuestras expectativas y sea satisfactorio para el profesorado madrileño estaremos dispuestos a valorar la posibilidad de suscribir en el futuro ese Acuerdo Educativo, cuya actual redacción debe modificarse en algunos aspectos, pues el último borrador contiene elementos –como la evaluación del profesorado– que resultan inasumibles para ANPE.

 

Sin Acuerdo Sectorial tampoco cabe plantearse el cambio del calendario escolar. Un cambio que el profesorado ve con muchas reticencias y que beneficia básicamente, por cuestiones organizativas, a los equipos directivos de los IES y a la Consejería de Educación, pero no está claro en qué medida favorece a los alumnos y profesores cuando se pretende condensar en el final de curso las evaluaciones finales, la recuperación de alumnos y los exámenes extraordinarios que actualmente se realizan en septiembre, y cuando estos perciben que con ello se relativiza el valor del esfuerzo y de la evaluación, dejando además en el aire la configuración de los periodos lectivos y los momentos de descanso a lo largo del curso.

Las propuestas que ahora podrían resultar aceptables quizás sean insuficientes en septiembre

 

Esperamos que el consejero de Educación y el Gobierno regional vislumbren la oportunidad que se presenta de rubricar con los sindicatos de la enseñanza pública un Acuerdo Sectorial que puede explicarse fácilmente a los madrileños, que recoge los frutos de un talante dialogante y negociador, que sirve para iniciar la reversión de los recortes y reforzar el papel del profesorado tras los sacrificios de la etapa anterior, el meritorio trabajo desarrollado y su compromiso con la educación: una foto potente conveniente para todos, paradigma del entendimiento, que lanzaría un mensaje esperanzador a la sociedad.

 

En los próximos días debe concluir la negociación. El tiempo se acaba. Las posiciones están bastante cercanas tras la última reunión celebrada, pero la Consejería de Educación no puede cerrarse en banda y debe mostrar mayor determinación, desbloqueando las partidas presupuestarias necesarias para hacerlo posible. Tiene que poner encima de la mesa los recursos que faltan para salvar lo que aún separa a las partes, pues en términos absolutos el esfuerzo presupuestario adicional que se requiere es mínimo.

Si el proceso encallase y no se alcanzase un Acuerdo Sectorial antes de finalizar el curso, se crearía una situación difícil en el inicio del próximo, pues a los problemas crónicos organizativos del comienzo, que se reproducen sistemáticamente desde hace varios años, habría que añadir la frustración que provocaría en el profesorado y en las organizaciones sindicales el fracaso de las negociaciones. Las propuestas que ahora podrían resultar aceptables quizás sean insuficientes en el mes de septiembre, pues a un año vista tenemos el horizonte de las elecciones sindicales y, a tenor de los vaivenes políticos, podríamos encontrarnos con un escenario otoñal no deseado, propicio para protestas y posibles movilizaciones.