Si nos dejan…

Fernando Martín Ferreras
Delegado de ANPE-Madrid

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Estamos en una sociedad donde cada vez más valores como el esfuerzo personal, el sacrificio, la voluntad, etc. están día a día puestos en cuestión. Los modelos que se transmiten desde los medios de comunicación y llegan a nuestros alumnos son demoledores.

Lo que vale es el físico, el ser hijo de, el ser novia de un famoso, mientras quien tiene interés por aprender, y se esfuerza por conseguir unos objetivos es tachado de empollón o friki.

Ejemplo de ello lo encontramos en la aprobación por parte de nuestros políticos de una norma que permite la titulación en la ESO sin superar todas las asignaturas ni alcanzar una media de cinco puntos. Primar la satisfacción de una parte de la sociedad por encima de los intereses que deben defender por el bien de toda ella demuestra un interés espurio. Votos son votos.

¿Alguien se imagina que un médico obtenga la licenciatura de medicina sin tener aprobada la anatomía? ¿Por qué un alumno puede titular sin aprobar matemáticas y física, por ejemplo?

Esto trae consigo unas derivadas preocupantes. Por un lado, el transmitir la idea de que un título no tiene importancia, como paso previo a su eliminación. Por otro, que lo que se enseña en la escuela, y por ende el trabajo de los docentes, no tiene valor, que lo importante es que todos lleguen y que nadie se quede en el camino, aunque ese alumno no haya alcanzado los contenidos mínimos (muy mínimos en muchos casos) que se exigen para aprobar.alt

No solamente nos quedamos ahí. En consonancia con el tipo de sociedad en que nos encontramos, donde todo el mundo opina de todo aunque no sea experto en el tema, se nos quiere imponer a los docentes desde ciertos sectores determinado tipo de metodología, de evaluación o de contenidos que debemos impartir. De nuevo algo totalmente impensable en cualquier otro ámbito.

Pero no cualquier metodología ni tipo de evaluación, sino que deben cumplir unas premisas que enlazan con lo anteriormente expuesto. No pueden resultar trabajosas, deben permitir que cualquiera sin el más mínimo esfuerzo alcance los objetivos y, en caso contrario, los adaptamos (rebajamos) para que lo logre. Debe ser innovadora, es decir, usar obligatoriamente los recursos y las formas que están de moda. Las calificaciones no pueden hacer ­referencia a los resultados sino al proceso, de tal manera que si un alumno se ha esforzado y no llega a los objetivos que nos hemos planteado se le aprueba igual, ya que lo importante no son los contenidos (todo está en internet), sino no traumatizar al joven con una calificación que indique que no lo ha conseguido. Por supuesto, no se deben encargar tareas extraescolares y nunca encomendar ejercicios que fomenten la memorización ni la mecanización. Si aun así el alumno fracasa, naturalmente el responsable no es él. Es el docente, que no ha sabido motivarle ni emplear métodos novedosos ni evaluar los procesos ni… Nunca jamás el alumno.

¿Qué debe hacer la escuela en esta tesitura? Mantenerse firme. Tener claro cuáles son los principios que deben regir la labor docente y no plegarse a los caprichos e intereses de quienes quieren cambiar el modelo de sociedad utilizando a la escuela como palanca para empujar ese cambio que solo a ellos les interesa. La sociedad tiene otros caminos para producir esas transformaciones, si así lo desea mayoritariamente.

Dejemos a los docentes trabajar. Ellos son los profesionales que en función de sus capacidades y, sobre todo de sus alumnos, deciden cómo enseñar y cómo evaluar. El qué viene dado.

Los cambios en la metodología, forma de evaluar o cualquier otro aspecto del proceso de enseñanza-aprendizaje solo pueden ser consecuencia de una profunda reflexión dentro de la comunidad docente, que permita mejorar los resultados desde la implementación de métodos contrastados y que, mediante una formación adecuada, el profesorado que así lo desee pueda poner en práctica para lograr sacar lo mejor de sus alumnos. Solo de esta manera conseguiremos que se valore más al joven que ha conseguido unas notas excelentes que al cachas que ha logrado ligarse a la famosilla de moda.